La inteligencia artificial (IA) ha dejado de ser una tecnología del futuro para convertirse en una herramienta presente en múltiples áreas de la medicina. Desde algoritmos capaces de analizar imágenes radiológicas hasta sistemas que asisten en la documentación clínica y predicen riesgos de enfermedades, la IA está transformando la manera en que se prestan los servicios de salud a nivel mundial.
Sin embargo, el avance tecnológico suele ocurrir más rápido que el desarrollo normativo. Esta realidad plantea una pregunta importante: ¿está preparada la República Dominicana para integrar la inteligencia artificial en el sistema de salud sin comprometer la privacidad, la seguridad y los derechos de los pacientes?
El potencial de la inteligencia artificial en el sector sanitario es considerable. Diversos estudios han demostrado que estas herramientas pueden reducir la carga administrativa del personal de salud, optimizar procesos clínicos y apoyar la toma de decisiones médicas cuando son utilizadas como sistemas complementarios y no como sustitutos del criterio profesional. Asimismo, tecnologías de procesamiento de lenguaje natural ya permiten generar borradores de notas clínicas y automatizar tareas repetitivas, liberando tiempo para la atención directa al paciente.
En la República Dominicana, la transformación digital del sector salud ha avanzado progresivamente mediante iniciativas relacionadas con la interoperabilidad y el desarrollo del Expediente Único de Salud, cuyo objetivo es facilitar el acceso seguro y oportuno a la información clínica. No obstante, la incorporación de herramientas de inteligencia artificial plantea nuevos retos regulatorios que aún requieren atención.
Uno de los aspectos más sensibles es la protección de los datos personales de salud. La información clínica constituye una de las categorías de datos más delicadas debido a su carácter privado y confidencial. En el país, la Ley No. 172-13 sobre Protección de Datos Personales establece principios relacionados con el tratamiento, la seguridad y la confidencialidad de la información personal. Asimismo, la Ley No. 53-07 sobre Crímenes y Delitos de Alta Tecnología establece mecanismos de protección frente a accesos indebidos y delitos informáticos.
Por otra parte, la Ley No. 126-02 sobre Comercio Electrónico, Documentos y Firmas Digitales reconoce la validez jurídica de los documentos y firmas electrónicas, lo que facilita la digitalización de procesos sanitarios y la implementación de expedientes clínicos electrónicos. Sin embargo, ninguna de estas normativas fue diseñada específicamente para regular sistemas de inteligencia artificial aplicados a la atención médica.
Esta situación genera interrogantes relevantes: si un algoritmo comete un error diagnóstico, ¿quién asume la responsabilidad? ¿Cómo se auditan los modelos de inteligencia artificial utilizados por hospitales y clínicas? ¿Qué mecanismos garantizan que estos sistemas no reproduzcan sesgos o errores que afecten a determinados grupos de pacientes?
A nivel internacional, los debates sobre gobernanza de la inteligencia artificial en salud han ganado relevancia, especialmente en temas relacionados con transparencia algorítmica, supervisión humana y protección de datos. La República Dominicana tiene la oportunidad de desarrollar marcos regulatorios que promuevan la innovación sin descuidar la seguridad del paciente.
Desde la perspectiva de la administración sanitaria, la adopción responsable de la inteligencia artificial requiere mucho más que adquirir nuevas tecnologías. También demanda inversión en infraestructura digital, capacitación del talento humano y políticas claras sobre el manejo ético de la información clínica. La tecnología, por sí sola, no transforma los sistemas de salud; son las personas y las instituciones quienes determinan su impacto.
Conclusión
La inteligencia artificial tiene el potencial de mejorar la eficiencia, calidad y accesibilidad de los servicios de salud en la República Dominicana. Sin embargo, su implementación debe ir acompañada de marcos legales actualizados que protejan la privacidad de los pacientes y definan responsabilidades claras para todos los actores involucrados.
El verdadero desafío no consiste en decidir si la inteligencia artificial llegará al sector salud dominicano, porque ya está llegando. La pregunta es si el país estará preparado para utilizarla de manera segura, ética y centrada en el bienestar de la población.
Adeuris Rivas Medina

